El blanco de mis ojos

Santi Castaño 1

Escribir sobre violencia de género toca uno de mis puntos sensibles, sobre todo cuando me entero de otro caso más… es que me da miedo, y siento el miedo. Se me encoje mi parte más humana y siento coraje, frustración y ganas de cambiar de cuajo el sistema educativo y obligar a familias enteras a ir a talleres, hasta el perro que vaya si hace falta y ello facilita la asistencia.

Cuando realizaba este micro-relato descubrí que las dudas, el miedo, la falta de conocimiento teórico y la falta de reflexión se sumaban a las resistencias que salpicaban cada palabra que escribía. ¿Qué es lo que no vemos? ¿Qué es lo que nos falta por saber? ¿Por qué resulta tan doloroso pasar a la acción? La parte más cruda no deja que la ficción gane terreno, y la teoría en parte puede ayudar un poco más a comprender ese interior que normalmente se expresa con la piel dañada que cubre nuestros pensamientos.

“Aunque las violaciones de los derechos humanos afectan tanto a hombres como a mujeres, su impacto varía de acuerdo con el sexo de la víctima. El 70% de las mujeres que mueren en el mundo mueren a manos de sus parejas, ex parejas u hombres de su círculo familiar. El número de muertes de hombres a manos de mujeres con esos vínculos no llega al 4%”. Información del blog Especialista en Igualdad

Santi Castaño 3

El blanco de mis ojos (217 palabras)

No. Quiero dejar de llorar. Me miro y no puedo creerlo. ¿Cómo he llegado hasta aquí? He dejado que la esperanza me inunde y me he anulado. Una esperanza que traería cambios, íbamos a estar bien. Eso creía. Ya no puedo seguir engañándome. ¿Cómo he podido estar tan equivocada? Todo esto pasará. ¿Me habrán oído los vecinos? Espero que no… qué vergüenza, espero que no me hayan oído.

No puedo respirar bien. Ahora me miro en este espejo. Me miro y sólo veo esa cara. Esa cara. Esa persona delante de mí, esa cara de mujer que ya no reconozco. Siento dolor en la piel al estirarse… Con ese ojo verde y amarillo, morado y rojo, y… ¿dónde está el blanco de mis ojos?

¡Respira! Respira hondo, tú puedes. Me miro y veo lo que siento. Ceguera. Dolor. Esta maldita impotencia que tiene la voz muy bajita y un sufrimiento tan lento. Las lágrimas me queman. Mi propio dolor me quema. Me rechazo. Rechazo mi actitud hasta este momento. No más. No puedo más.

Se llevó todo el dinero que quedaba. Tendré que pensar qué puedo hacer. A quién llamar.

Esta vez se acabó. No le voy a permitir ni una más. Tengo que resistirme. No puedo más. Se acabó. Tengo que lograrlo.

Ahora puedo respirar mejor.

Santi Castaño 2

¿Te gustan las Fotografías de Santi Castaño? puedes contactar con él si estás interesad@ en su trabajo vía email: fotokasta@gmail.com

Me gustaría invitarte a conocer el blog de Especialista en Igualdad. Puedes visitar su perfil en facebook. María S. Martín Barranco y su equipo desarrollan varios proyectos desde la Plataforma Especialista en Igualdad. En enero empezó la Campaña Internacional “12 causas feministas para un 2013 menos machista”. Y la Escuela Virtual de Empoderamiento Feminista, cuyos cursos comienzan el 8 de marzo de 2013.  Si estás interesad@ en saber algo más sobre estos cursos puedes visitar su blog:  EVEFem.

Y te dejo con un video de Isasaweis que no olvido y que me gustó mucho: Cómo maquillar un ojo morado.

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7 thoughts on “El blanco de mis ojos

  1. La ponderación estadística es errada. La mayoría de los crímenes los cometen los varones, en general, no sólo de mujeres. Y en la totalidad de asesinatos, los de mujeres por sus parejas, son una pequeña minoría.
    El varón es macho, por tanto participa de las conductas naturales de los machos, provinientes de sus hormonas.
    La violencia es una de ellas, la territorialidad también.
    Mas existen muchas otras de similar origen que son bien apreciadas por las damas, como la tendencia a protegerlas, a darles sustento, a emprender progresos.
    Y el asunto de la conflictividad entre los géneros, que algunas veces (muy pocas en proporción al universo total) desemboca en violencia, proviene del interjuego de ambos. Eso es lo que está hoy en conflicto, porque está en conflicto el rol femenino.
    Plantear esto en términos de “hombres malos que atacan a las mujeres buenas”, como si de una conspiración clandestina acordada se tratase, es una infantilidad y un modo de eludir la verdadera consideración del problema social humano.
    Un modo muy apreciado por la moda y la publicidad, y comprado masivamente por las damas, quienes prefieren esa hipótesis que las sitúa como víctimas pasivas y las pone a cubierto de cualquier responsabilidad compartida.

  2. Torombolo, ¿en qué te basas para decir que los datos son erróneos? En España casi el 90% de los asesinatos de mujeres se producen a manos de sus parejas o exparejas, en el mundo la cifra es parecida. Lo del varón macho y las hormonas y la naturalización de las conductas de género ya no lo sostiene ni el 1% de la comunidad científica y esto son datos fácilmente comprobables por los informes de Naciones Unidas, o los de asesinatos de mujeres en España por el informe sobre violencia anual del Consejo General del Poder Judicial. Intentar corregir a alguien basándote solo en tu opinión (claramente errónea a poco que se conozca del tema) y argumentar como prueba conductas derivadas de la socialización machista, patriarcal jerárquica y androcéntrica que se denuncia en el artículo sí que son errores y errores de bulto. Y tienen un nombre, por cierto: Neomachismo.

  3. Bueno, en mi comentario intenté ponerlo claro, mas parece que no lo he logrado o bien que usted está tan entusiasmada en su posición que no me ha comprendido.
    Yo digo que dar informes parciales induce a ideas erróneas.
    El varón no sólo es quien mata más mujeres, con respecto a las mujeres que matan varones, o mujeres, o niños o perros.
    El varón es quien más mata, en general. Eso digo.
    La mayor parte de los crímenes de la humanidad son cometidos por varones, aún cuando la delincuencia sea una conducta minoritaria en la humanidad actual, mucho más que en cualquier tiempo pasado.
    Ahora, intentar convencer a alguien de que las mujeres están en peligro por ello es lo falso y malintencionado.
    Y sugerir, como se hace, que existiría una suerte de acuerdo secreto entre varones para maltratar a las mujeres es peor.
    Luego el asunto hormonal.
    Existe una hormona denominada testosterona.
    Esa hormona al afectar al feto humano en su desarrollo determina la diferente conformación del cerebro masculino y femenino, la especialización natural.
    Y durante el resto de nuestra vida nos otorga las características distintivas del género.
    Fundamentalmente: Mayor musculatura y estructura ósea, agresividad, territorialidad, deseo sexual acentuado, impulso de dominancia, mas también determina nuestra natural tendencia viril a sustentar a la hembra y protegerla.
    Es verdad, cuando un varón se enoja, es mucho más proclive que la mujer a entrar en furia y quizás hasta a lanzar un golpe, hechos que vienen siendo corregidos por el acuerdo social desde hace muchos siglos, por lo cual son conductas marginales en la sociedad actual.
    Mas también tiene el varón la tendencia a enfrentarse a un enemigo en una calle oscura para defender a su mujer, precisamente por la misma conformación neurohormonal.
    Esta hormona se encuentra en valores normales distribuída así:
    Varones: 300 – 1,000 ng/dL
    Mujeres: 15 – 70 ng/dL (nanogramos por decilitro de plasma)
    Estos datos no son influídos por la opinión de nadie, así sea el 1% o el 99% de alguna comunidad. Son mediciones de la fisiología.
    De hecho, las mujeres suministradas de testosterona exógena (o sucedános sintéticos) cambian su temperamento hacia una actitud más agresiva y una líbido acentuada, como se vé en ciertas deportistas de elite.
    Ahora, todo esto no justifica en absoluto el actual conflicto social entre los géneros humanos, simplemente explica porqué el varón tiene más tendencia a la violencia que la mujer.
    El mencionado conflcto proviene de un interjuego social contradictorio y estéril entre los géneros, basado fundamentalmente en la tensión sexual, es decir el uso del deseo sexual masculino no destinado al coito.
    Esto está primordialmente fomentado por la publicidad y la cultura de masas orientada por el mercadeo, y las damas participan activamente en ello.
    A mi entender, por inercia cultural y en contra de sus propios intereses genuinos.
    Entonces yo digo que resumir este conflcto social en una fábula de “hombres malos”, quienes repentinamente y sin ningún motivo digno de explicarse han decidido odiar a todas las mujeres y maltratarlas o matarlas, y un universo de mujeres completamente pasivas, “buenas” y sin la menor participación en el juego, es un acto que ofende la inteligencia humana y que no conducirá a nada.
    Le sugiero que piense en ello.

  4. Y, entiéndase correctamente mi posición:
    La mujer debe procurar la equiparación funcional con el varón en las áreas y la medida de lo posible. Porque ello le permitirá desarrollarse en sus potenciales tradicionalmente reprimidos y relegados.
    Y en tal cometido, que yo estimo parte de la evolución natural de la especie y muy conveniente a la sociedad humana, debe procurar dar a cada paso la profundidad racional que requiere.
    Transformar el feminismo en una torpe guerra contra el varón, describir los conflctos entre los géneros mediante caprichosas fábulas propias de Walt Disney, con animalitos buenos y otros malos, analizar los problemas desde enfoques parciales para proteger los pequeños beneficios y derechos que el rol antiguo y secundario femenino le proveen y generar más resentimientos con acusaciones generales injustas contra los varones, de ningún modo ayuda al ideal feminista.
    Cuando la imagen publicitaria y mental de la mujer deje de ser un cuerpo siempre semidesnudo con sus atributos sexuales a la vista y ellas dejen de asumir eso como deseable, y cuando la mujer deje de considerar al varón como un enemigo al cual acusar o del cual sacar beneficios, y comience a considerarse a ella misma como un ser humano independiente de los encantos de su entrepierna, estaremos más cerca de la equiparación.

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