Las ideas acá en las montañas

Escribir ayuda a recrear tu imaginación, y si añades un dibujo el acto de fantasear cobra más vida de la que creías podías dar con las palabras. Juega con tus emociones. Escribe un micro relato de unas 500 palabras con: ideas, frente, cabeza, manos y cuerpo. Te dejo con el nacimiento de algunas ideas que salen de dónde menos te esperas.

Las ideas acá en las montañas (522 palabras)

Las ideas nacen a veces de la siguiente manera. Aquí en medio de las montañas hay momentos en los que cuesta respirar. Hay cuerpos que cuando no les quedan suficiente aire ¿sabes qué hacen? Te buscan para batallar. Te provocan. Hasta que no pueden más. No quieren que tú sigas respirando si ellos no pueden respirar. Y depende como te sientes luchas, combates, te entristeces, sonríes e ignoras, sonríes y tiras para delante. La impotencia y frustración te hunden en un mar de pensamientos que crean ideas para salir del atolladero. Ardes. Quedas bajo shock. Y las ideas se van cociendo. Aparece tu propia soledad, la que llevas arrastrando desde hace años, aunque tengas otros cuerpos alrededor. ¿Y qué cuerpo dijo que la soledad no era amiga? Seguramente un cuerpo con mucho miedo a pensar… la soledad te puede acompañar, te ayuda a pensar.

En mi caso, aquí en los montes, estos cuerpos de alrededor no hacen nada. Entre todos quizás uno sí haga un mínimo, y casi siempre un poco tarde, y lo que hace es consolarme, cuando ya tengo agujereada la cabeza. Sí, mientras las ideas se cuecen.

Son cuerpos que no pudieron hacer algo en el pasado y dejaron que me consumiera apaleada por el dolor tras largas batallas sin sentido. ¿Y qué iban a hacer? Aprendieron a mejor callar y no meterse en nada. Callaban las batallas para que no se enteraran los vecinos de las lindes cercanas.

Ahora soy yo la que lucha con mis actos, con mi aprendizaje, con caerle fatal a muchos cuerpos de mi alrededor en muchos momentos. Yo estoy bien, me siento bien tomando mi propia responsabilidad como una tarea que tiene por supuesto total prioridad.

En una de estas batallas las ideas se agolparon en mi frente, me la deformaron. Los bultos se agrandaron y se movieron de un lado a otro buscando una salida. La piel quedó translúcida y poco a poco podía ver en el espejo la frente llena de ideas… con fuerza suficiente aún para salir. Esta idea de escribir como me sentía tras una batalla justo explotó delante de la pantalla del ordenador. Pringando todo lo que le pilló de paso. Una idea bien rebelde y liberadora.

Mis manos abandonaron las tareas que estaban haciendo y la impotencia empujó a mi cuerpo a sentarse enfrente de la pantalla y a usar el teclado. Esta idea salió y logró materializarse, en verdes y rosados… con el uso de la palabra, el regalo de poder expresarme y comprenderme, dejando un boquete en la frente del tamaño de una lenteja.

La idea estuvo feliz… ahí plasmada… aunque sintió angustia al pensar en el dolor que me hizo pasar para que naciera. Yo, sólo pude dirigirme a ella, adorarla, darle la bienvenida y decirle Naces de una fea batalla siendo tan útil y sana. Gracias a ti progresé y aprendí algo más. Me invitas a mejorar, al igual que todas las ideas. Gracias a ti, idea, llevo una cicatriz más con orgullo.

Suspiré y me di cuenta de que la idea moría satisfecha…  y enseguida noté que algo se movía en mi frente.

Las ideas namaluc

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